Ahora que ha empezado la pretemporada NBA y the beginning is upon us, voy a hacer un repaso a los Detroit Pistons (algunos ya sospecharán mi simpatía por ellos), una, si no “la”, de las decepciones de los playoffs del año pasado. Espero que este post no sea muy ladrillo.
Detroit llega a 2026-27 con el mejor récord del Este de la pasada temporada (60-22) y un Cade Cunningham All-Star y All-NBA. Pero ganar en temporada regular y hacerlo en playoffs a veces no van juntos, como se vio. Detroit tuvo que remontar un 3-1 contra Orlando en primera ronda, y en la segunda dejó escapar una ventaja de 2-0 y cayó de forma catastrófica en el séptimo partido contra Cleveland (125-94).
El repaso de Fadeaway World sobre los Pistons, recogido por Yardbarker, empieza por el tiro: Detroit lanzó solo el 34,5% de sus tiros desde el triple en liga regular. Detrás de Cade no hay un segundo creador: nadie más pasó de 3,1 asistencias por partido en playoffs y él jugó 40,9 minutos por partido. Falta un anotador fiable de unos 18 puntos.
Escuché a Pepe Brasín explicar que la mayoría de las victorias de Detroit, o al menos así lo recuerdo, llegaban por insistencia defensiva, pues en un calendario tan largo casi todos los rivales acababan tirando la toalla. En temporada regular esa relajación disimulaba esas debilidades, pero en dos series de siete los rivales acabaron encontrando las costuras.
Este verano se va Isaiah Stewart. Ninguna de las debilidades está arreglada a menos de dos semanas del estreno del 20 de octubre.
El triple que no llega
Los jugadores que más minutos jugaron en Detroit la pasada temporada fueron Cade Cunningham, Duncan Robinson y Jalen Duren; Ausar Thompson fue cuarto. De esos tres, solo dos lanzan desde más allá de la línea: Duren no tiró ni uno en los 70 partidos. Robinson tiró 41,0% con 536 intentos y Cunningham 34,2% con 366: entre ambos tuvieron un 38,2%, un porcentaje alto. Thompson tampoco es un apoyo: solo lanzó 24 triples en 73 partidos (6 anotados, un 25%).
Como vemos en la tabla de abajo, solo el 33,5% de los tiros de esos tres son triples (lo que he llamado frecuencia), el puesto 23 de 30 equipos; Milwaukee lidera con 60,6%. Robinson lanza desde fuera el 76,8% de sus tiros, pero Cunningham solo el 30,8%; Duren, ninguno. Si mezclamos las dos cosas (38,2% de acierto por 33,5% de frecuencia), es decir, los triples que meten esos tres por cada 100 tiros de campo, Detroit mete 12,8 y es el 22º, lejos de los 24,5 de Milwaukee o los 21,2 de Phoenix y Golden State. Mucho acierto, pero el perímetro lanza poco, y eso deja una pintura más colapsada de lo que le gustaría a un equipo que quiere que Cunningham juegue sin balón, justo el ajuste que, según un reciente artículo de The Athletic, más beneficiaría su eficiencia.
En playoffs el equipo lanzó el 35,8% de sus tiros desde el triple, 1,3 puntos más que el 34,5% de la fase regular: un ligero retoque pero insuficiente, el puesto 13 de los 16 equipos que jugaron la fase final. A ver, si alguien espera a estas alturas que Duren sea un tirador o, dicho más técnicamente, un stretch five, es que acaba de aterrizar en la Tierra. Thompson, con 1 de 7 en triples, no necesita más explicación; Robinson tiró lo mismo de siempre (7 intentos de triple por partido). Subieron sobre todo Cunningham, de 5,7 a 7,3 intentos por partido, y Jenkins, que pasó de 2,7 a 4,2. Los finalistas lanzaron cerca del 40% de sus tiros desde el triple (los Knicks, un 39,5%; los Spurs, un 41,4%) y Detroit se quedó en el 35,8%. ¿Se puede llegar a la final sin que el 40% de tus tiros sean triples?
Un solo llavero
Solo Cunningham tiene el llavero con las llaves que arrancan el motor: reparte 9,9 asistencias por partido. El siguiente pasador de Detroit, Daniss Jenkins, se queda en 3,9. Y este dato, que ya parece grande, se agranda si descubrimos que es la mayor diferencia de la liga entre el generador principal y el siguiente pasador. Si Cade se lesiona o tiene una noche floja, ¿quién? O como dice el chiste del hombre colgado de una rama que, cuando la voz de Dios le promete un ejército de ángeles si se suelta, contesta: ¿hay alguien más? Pues eso. En una temporada de 82 partidos más playoffs, esa dependencia es un riesgo que no sé si es sostenible; bueno, sí lo sé: no lo es, y si el año pasado ya era un canteo, si nada cambia, este año lo será más. En playoffs Cade jugó 40,9 minutos por partido, frente a los 33,9 de la liga regular, con 28,1 puntos y 7,5 asistencias. Jenkins bajó a 3,0 y el siguiente pasador pasó a ser Ausar Thompson, con los mismos 3,1 de liga regular. La diferencia se quedó en 4,4 asistencias y aun así fue la mayor de los 16 equipos que jugaron la fase final. Y el séptimo partido contra Cleveland fue la otra cara: Cunningham y Duren, los dos All-Star, sumaron entre los dos 20 puntos con 8 de 23 en tiros y Detroit no pasó de 26 puntos en ningún cuarto.
En la tabla de abajo, para verlo, comparamos al máximo pasador de cada equipo con el segundo que más asistencias reparte. También añadimos las asistencias potenciales (los pases que acaban en un tiro de un compañero, entre o no, y que despejan la duda de si es el pasador o el que anota quien hace buena la asistencia). Detroit tiene 6,0 asistencias de diferencia, 9,6 en potenciales (Cade 16,4, Jenkins 6,8). Chicago es segundo en las dos medidas, con 3,8 y 5,5. En el otro extremo, Toronto, Boston y Washington reparten casi por igual la creación entre sus dos primeros. Los pases a tiro de Cade acaban en canasta el 60% de las veces. La media de la liga es el 56% y Jokić y Dončić llegan al 64%.
Y cuando Cade se sienta, Detroit se resfría. Cuando estaba en pista, Detroit anotó 120,4 puntos por 100 posesiones; con él en el banquillo, 111,1: 9,3 menos. Pero bueno, también cuando él se sienta el otro equipo puede aprovechar para sentar a sus mejores jugadores; en este segmento la defensa mejora 2,9 puntos y el neto sigue siendo positivo (+5,0 frente a +11,4).
El segundo motor
¿Y después de Cunningham qué? Cade promedió 23,9 puntos y Duren 19,5, y con Duren renovado (cinco años y 200 millones el 1 de octubre), el segundo anotador, por lo menos en liga regular (entiéndaseme la gracia), está asegurado. El tercero de la plantilla actual es, al menos sobre el papel, John Collins, con 13,6 puntos el año pasado en los Clippers, lo que deja a Detroit en el puesto 27 de 30 en puntos de su tercer anotador actual. Con Tobias Harris, que se quedó en 13,3 y ya no está, habría sido el 28. En playoffs fue peor: el tercer anotador de Detroit (Robinson, 11,8 puntos) fue el último de los 16 equipos. El segundo fue Tobias Harris, con 18,1, y Duren, que venía de 19,5 en liga regular, bajó a 10,2. Las otras dos incorporaciones de verano, Isaiah Joe (11,1 puntos en Oklahoma City) y Taurean Prince (9,2 en Milwaukee, en un traspaso de seis equipos que también trajo a Gary Harris, que otros años hubiera sido ilusionante, pero cortado), suman tiro y años (veteranía, dicho finamente). Creo que ninguna de las tres sirve contra la solución del rival, más sencilla (y más probable): no dejar tirar a Cade.
El agujero que deja Stewart
El socavón que deja Isaiah Stewart está rozando el cráter que dejaría un meteorito porque en liga regular fue el jugador, según NBA Stats, que mejor defendió el aro. He filtrado por los 72 jugadores que defendieron al menos 4 tiros por partido cerca del aro y jugaron 20 partidos o más. Además, si miramos los tiros por debajo de los 6 pies de la canasta, los rivales metieron un 39,6% en lugar del 62,4% que sería su media normal; o para ser más concretos: 22,8 puntos porcentuales menos; o para ponerlo en perspectiva: mejor que Holmgren (−18,3) y que Wembanyama (−17,2), sobre una muestra de unos 255 tiros. Sus 1,6 tapones de media casi doblan los 0,9 de Ausar y de Paul Reed. En la plantilla actual nadie más defiende el aro como él. Ni Reed, que permitió el 51,7% (−12,2 puntos), ni Thompson: 54,9% (−8,8). Ninguno de los dos llega a 4 tiros defendidos por partido, así que no entran en la lista de 72. Duren, que está en el puesto 35, permitió el 58,4% (−5,7), el mismo que Draymond Green.
Como hemos visto, Jalen Duren es un defensor del aro del montón, lejos de Mobley (puesto 8, −13,7) o Queta (puesto 9, −13,2). El mejor de los demás para llenar el hueco es Paul Reed (−12,2), poco más de la mitad que Stewart, con 3,3 tiros defendidos en 14 minutos por partido. No podemos contar con John Collins porque es una solución mayormente ofensiva: el año pasado, en los Clippers, dejó un −1,2 con 3,1 tiros defendidos por partido.
Eso sí, hay que matizarlo: en playoffs Stewart jugó solo 11,8 minutos por partido y anotó 4,0 puntos, así que su peso en esa fase fue pequeño. La grieta se ve sobre todo en liga regular, que es donde Detroit ganó los 60 partidos. En playoffs, con la misma medida, Stewart siguió siendo el mejor del equipo (los rivales metieron el 45,7% frente al 63,4% esperado, −17,7), pero sobre solo unos 35 tiros, 2,5 por partido. Thompson (−13,6) y Reed (−13,0) se le acercaron, con muestras todavía menores. Duren se quedó en −6,9.
Para 2026-27 ESPN proyecta a Detroit en 53-29, siete victorias menos que el año pasado y empatado con los Knicks en lo más alto del Este (previsión, no resultado), mientras Filadelfia suma a LeBron y Brown, Giannis llega a Miami y Kawhi a Toronto. Detroit ha perdido a Stewart y a Tobias Harris y ha sumado a Collins, Joe y Prince; el resto del Este se ha movido más.
Con todo esto no quiero decir ni mucho menos que sea un mal equipo, pero sí que tiene unas debilidades muy claras, y si se las he visto yo, imagínate sus rivales. El 20 de octubre veremos si el motor, con sus nuevos accesorios, arranca del todo o no.








