LOS CUATRO FANTÁSTICOS
Cuatro posibles candidatos al número uno, con cuatro maneras de serlo.
Este post forma parte del último número de Fab Five Magazine, donde tratamos la NCAA con todo el cariño que se merece, que es mucho. En este número se analizan las próximas estrellas que marcarán, o que deberían marcar; eso nunca se sabe, el futuro próximo de la NBA. Mi aportación está en todos los mapas de calor, los radares y las barras que acompañan estos análisis. Y junto a eso encontraras análisis de lo que necesita cada uno de los treinta equipos, y todo lo que conviene saber antes de la gran noche del draft.
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En esta ocasión tambien firmo una pieza sobre los cuatro candidatos al número uno del draft 2026. Mi pregunta no es quién será el número uno; la pregunta que me hago es qué tipo de jugador es cada uno, o mejor dicho: qué tipo de jugador han sido.
Antes de empezar con el post me gustaría aconsejar que leyeraís el mágnifico artículo de Ensayos de Básquet que se incluye como cierre de la revista
Los 4 Fantásticos
Cómo nos lo hemos pasado este año, vaya temporada y qué pedazos de jugadores a mi modo de ver hemos disfrutado. Boozer es, tras Durant en 2007, Davis en 2012, Zion en 2019 y Flagg el año pasado, el quinto freshman que gana el National Player of the Year. He escuchado, o por lo menos eso es lo que a mí se me ha quedado, que esta clase tiene un techo no muy alto, porque ninguno sería número uno con Flagg, por ejemplo, sino que es horizontalmente buena en su techo y normalita en su suelo. Cinco nombres en cuarenta años, dos seguidos. O algo se ha movido en los relojes del baloncesto universitario, o esta generación es distinta. Al lado de Boozer hay otros tres con producción de primer pick.
Los números de Dybantsa, Peterson, Boozer y Wilson en su temporada previa al draft caben en la tabla de los últimos veinticuatro números uno sin que ninguno desentone. Boozer firma 22,5 puntos, 10,2 rebotes y 4,1 asistencias, una línea que en la tabla solo iguala Banchero. Peterson promedia 20,2 puntos en sus 24 partidos antes de la lesión, lo mismo que Bogut y Edwards en sus temporadas completas. Wilson rebotea como Anthony Davis. Dybantsa anota 25,3 puntos por partido en BYU, una cifra que en NCAA no se ha visto en un número uno en las últimas dos décadas.
Hay una línea en la tabla que sigue mandando, los 30,4 puntos y 9,7 rebotes de LeBron James. Conviene recordar que esos números son de un hombre jugando contra críos de guardería. La pena es que veintitrés temporadas después no podemos comparar a un freshman con Bron, porque sigue siendo un hombre jugando contra críos.
Aquí entra un matiz que conviene no perder de vista. Que le leí a Parker Fleming: “Un jugador es lo que se le pide que haga”. Y si has visto los partidos de esta temporada has visto que Boozer rebotea como un pívot porque en Duke juega de cinco, pegado al aro. Wilson tira 27 triples en toda la temporada porque en UNC le piden que sea agresivo y ataque al aro. Peterson lleva el balón cada posesión porque Kansas lo construyó como base. Las cifras de la tabla retratan lo que les pidieron, no quiénes son, o quiénes pudieran ser. Quien quiera juzgarlos por encima de eso tiene que mirar más adentro.
Y eso es lo especial de esta clase. No son cuatro versiones del mismo jugador peleando por el uno. Son cuatro retratos distintos que caben en el mismo club. La pregunta deja de ser quiénes son los candidatos. Pasa a ser qué tipo de jugador es cada uno.
Diez fuentes, cuatro nombres
He elegido ocho boards públicos y dos por suscripción que pago, que colocan a los mismos cuatro nombres en los primeros cuatro puestos. Dybantsa, Peterson, Boozer y Wilson se mueven dentro de ese grupo y casi no salen de él, y la gran mayoría los coloca así. El recorrido de cada uno, la distancia entre el puesto más alto y el más bajo que recibe, no pasa de dos en ninguno. A partir del quinto, las fuentes se sueltan. Wagler aparece entre el 5 y el 9, Brown entre el 5 y el 13, Ament entre el 6 y el 16. Arriba hay consenso, abajo cada uno mira a otro sitio.
Una fuente, como era de esperar, por lo menos yo lo esperaba, rompe la foto; y es la que más interesa. El big board de John Hollinger en The Athletic se construye con un modelo, no con ojo y vídeo como el resto. Su orden de la cima no coincide con el de nadie. Pone a Boozer primero y a Dybantsa segundo, al revés que las nueve fuentes de scouting, y baja a Peterson hasta el cuarto puesto. Los números quieren a Boozer. Los ojos y los highlights prefieren a Dybantsa.
Esa discrepancia no es ruido. Es la primera pista de que estos jugadores no se valoran igual según cómo los mires. El modelo premia la producción y la eficiencia de Boozer, que son enormes. El scouting valora el techo y la autocreación de Dybantsa, que el dato bruto no captura igual de bien. Quién va primero depende de qué pregunta le hagas a la temporada.
El gráfico no puede ser más claro. Los cuatro de arriba caben en un pañuelo, el resto se desparrama. Por eso este artículo se detiene en esos cuatro. No son los cuatro mejores por nuestro gusto personal (el mío), son los cuatro que todas las fuentes, de ojo o de modelo, colocan arriba.
Mismo escalón, distintos roles
Voy a evitar que los minutos jugados nos modifiquen la producción de puntos y voy a igualarlos a 40 minutos. Los cuatro candidatos pasan de los 23 puntos por cada 40 minutos. Dybantsa llega a 29, la cifra más alta, y los otros tres se mueven en una franja estrecha por debajo. Si solo nos fijáramos en cuánto anotan, no habría debate ni duda ninguna. Anotan todos, anotan mucho y algunos hasta bonito.
El reparto del resto los empieza a distinguir. Boozer domina el rebote, sobre todo el ofensivo, con números de pívot que vive pegado al aro. Peterson reparte como base, con el balón en las manos casi cada posesión. Dybantsa carga el peso anotador. Wilson produce sin ser primera opción.
Aclaremos lo de Peterson antes de seguir. Sus 624 minutos (¿los que ha querido jugar?) en 22 partidos son la mitad que los de Dybantsa o Boozer, por una ¿lesión? que le frenó el arranque. Todo lo que digamos de él se apoya en menos partidos, y eso es un factor que modifica las comparaciones posteriores.
La producción bruta deja claro que los cuatro están en el mismo escalón. Para saber qué tipo de jugador es cada uno hay que mirar cómo llegan a esos puntos, no cuántos suman.
Cómo y desde dónde
Anotar mucho y anotar bien no caen en el mismo jugador. Boozer es el más eficiente del grupo, con un TS% cercano al 67 que ninguno alcanza. Dybantsa, que es el que más tira, queda por debajo de él y también de Wilson. El cuadrante de mucho volumen y mucho acierto se queda vacío. El que carga la anotación paga más por cada punto.
El perfil de tiro fija el rol. Boozer acierta dentro y desde fuera, un 41% en triples con volumen, algo que no se espera de alguien que rebotea como un cinco. Wilson castiga cerca del aro, pero su triple es un 26% sobre 27 intentos en toda la temporada, así que no amenaza desde lejos. Peterson y Dybantsa se sostienen desde la línea sin ser especialistas.
El tiro libre mira al futuro más que al presente. Peterson acierta el 82%, mala opción para hacerle falta.
Mismo nivel de anotación, perfiles opuestos de cómo y desde dónde. Queda la pregunta que lo ordena todo, quién se fabrica esos tiros.
Quién se fabrica su tiro
Una canasta no vale lo mismo si te la fabricas que si te la sirven, al menos a mí me indica una cualidad: eres un creador o un finalizador. Contamos qué parte de los tiros de cada uno llegó sin asistencia, partido por zona, leyendo posesión a posesión.
El reparto rompe una idea instalada sobre Dybantsa. Se le señala como un anotador de techo altísimo con dudas sobre cuánto depende del sistema. Los números dicen otra cosa. Se fabrica el 81% de sus canastas cerca del aro sobre 128 intentos, y el 88% de su media distancia sobre 122. Dybantsa es un sistema, ojo. Es el único de los cuatro que genera su propio tiro en las tres alturas con volumen. No es un finalizador al que alimentan, es un creador en toda la pista.
Crear cerca del aro traza una línea entre los de arriba y Wilson. Dybantsa y Peterson pasan del 80% de canastas no asistidas en la zona. Wilson se queda en el 54%, le sirven la bandeja. Eso no aparece en los puntos por partido, donde los cuatro anotan parecido.
Boozer es el matiz. Tira más que nadie cerca del aro, 214 veces, pero solo se fabrica el 61%. Un tercio se lo sirven. Confirma su perfil de motor interior al que el equipo alimenta.
El último trazo vale para toda la clase. Nadie se fabrica el triple. Los cuatro se mueven entre el 11 y el 33% de triples no asistidos. El tiro exterior llega de recepción para toda la promoción, y la creación vive dentro del arco, ¿se avecina cambio de paradigma?
La defensa que no se mide
La defensa no cabe en dos casillas. Robos y tapones es lo único que el dato deja medir sin cámaras de seguimiento, y engaña. Wilson genera más que nadie, sobre todo tapones, a costa de cargar faltas. Dybantsa está en la esquina contraria, los peores robos y tapones del grupo y a la vez menos faltas. Defiende sin arriesgar, o no genera acciones. El número abre la pregunta y no la cierra. Hace falta verlo jugar para saber cuál de las dos cosas es.
Hemos visto cuatro retratos en lugar de uno, porque en una clase como esta, ¿cómo quitar a uno? Boozer es el motor interior que tira de tres como un alero. Peterson es el base con balón cada posesión, lesionado de paso. Wilson finaliza lo que le sirven, y Dybantsa se fabrica lo suyo en las tres alturas. Producen como los grandes números uno de las últimas décadas y son opuestos entre sí. Esa es la rareza de esta clase.
Vuelvo a Fleming: “Un jugador es lo que se le pide que haga”, y la NBA les va a pedir cosas distintas. Boozer no jugará pegado al aro, jugará abierto, donde un 41% de triple vale más que diez rebotes. Wilson recibirá menos en bandeja y le tocará crear, o no le tocará y verá pasar partidos enteros sin tocar el balón. Peterson dejará de mandar en cada posesión y aprenderá a esperar las suyas. Dybantsa, que ya genera su tiro en NCAA, va a encontrarse por primera vez con un compañero que también lo hace.
La pregunta no es quién será el número uno del draft. Aun siendo una posición con cuatro cabezas, parece claro quién lo será, y más eligiendo Washington el número uno. Lo confirmaremos dentro de poco. La pregunta es cuál de los cuatro entiende mejor que el rol va a cambiar, y a quién le exploten en la cara las virtudes que mostró este año. El uno se elige en junio. ¿Hablaremos de los cuatro dentro de cinco años?












