El precio de la defensa
Cómo el tiro libre ha cambiado el coste de defender en la ACB
Esta semana he leído en redes sociales múltiples quejas sobre la disparidad de tiros libres, denunciando -como es costumbre- una supuesta ayuda arbitral a los grandes clubes. Es un lugar común, en el que habito con frecuencia, pensar que el arbitraje siempre beneficia al poderoso por sistema. Sin embargo, este tipo de análisis de trazo grueso, muy de graderio o de cuñado de graderio, suele ignorar una realidad técnica: los equipos que más van a la línea suelen tener a los jugadores más difíciles de detener, y frenar a las estrellas casi siempre implica llevar el contacto físico al límite.
Aun así, mi intuición me decía que había algo más profundo bajo la superficie, algo que el simple “talento contra defensa” no explicaba del todo. Dejando a un lado las teorías de la conspiración, la pregunta era inevitable: ¿qué está ocurriendo realmente?
Spoiler: no es complot arbitral, no es quién me pita hoy; es lo que compensa hacer en pista.
¿Qué está pasando?
Los equipos han decidido aceptar más faltas porque el retorno ofensivo es mayor. No porque alguien haya cambiado las reglas por decreto, sino porque el juego está recompensando acciones distintas.
Al analizar los datos, lo primero que aparece es una imagen de estabilidad. Durante varias temporadas (2018–2024), el baloncesto ACB se movió dentro de un equilibrio claro. Cambiaron los perfiles de los jugadores, el triple ganó peso y los ataques ajustaron sus prioridades, pero la relación entre contacto y castigo apenas se alteró. Defender costaba, estadísticamente, lo mismo año tras año.
El ratio de tiros libres por intento de tiro de campo se mantuvo en un rango estrecho (0,29–0,32) y las faltas por cada 100 posesiones permanecieron estables. Era un periodo de continuidad: mismo umbral arbitral, misma tolerancia al contacto, mismo precio por defender.
Ese marco estable es lo que hace que la temporada 2025-26 destaque tanto. No es una prolongación de una tendencia; es una ruptura. El FT/FGA salta hasta 0,384, un incremento cercano al 20 % respecto al año anterior. Las faltas por 100 posesiones también aumentan, pero lo hacen mucho menos.
Defender no implica cometer muchas más faltas lo que implica es que esas faltas cuestan más.
El elefante en la habitación
Llegados a este punto, conviene introducir un matiz importante. No hay constancia pública de una circular arbitral que ordene explícitamente proteger más al tirador ni de un cambio de criterio impuesto por decreto. Lo que sí existe es un cambio de marco. Desde el 1 de octubre de 2024 están en vigor las nuevas reglas e interpretaciones oficiales de la FIBA, que son las que se aplican en la ACB en las temporadas 2024-25 y 2025-26. No introducen reglas radicalmente nuevas, pero sí refuerzan la consistencia en la sanción del contacto ilegal cuando el jugador tiene control del balón, especialmente en acciones cercanas al tiro.
Ese ajuste, aunque sutil, cambia lo que compensa hacer en pista. Y cuando el castigo esperado del contacto en el tiro aumenta, el juego se adapta.
Hasta aquí, el análisis agregado apunta la dirección, pero para entender el mecanismo hay que bajar al play-by-play. Ahí la cosa se vuelve más nítida. El volumen total de faltas apenas cambia entre la temporada pasada y la actual. No es que este año sea más agresivo ni más desordenado. Lo que sí cambia -y de forma contundente- es la consecuencia.
En 2024-25, algo más del 54 % de las faltas personales terminaban en tiros libres. En 2025-26, ese porcentaje se acerca al 60 %.

Todo esto plantea una pregunta inevitable: ¿qué impacto real tiene este cambio en la eficiencia ofensiva de la liga?
La respuesta no exige modelos complejos, sino una descomposición contable sencilla: mantener constantes el ritmo y la eficacia en el tiro libre, y preguntarse qué habría pasado si en 2025 se hubiera pitado como en 2024.
El resultado es claro. El ORtg de la ACB en 2025 es de 111 puntos por 100 posesiones, pero sin el aumento del FT rate se habría quedado en torno a los 107.
No estamos ante una mejora ofensiva: los tiros libres no elevan el ataque, evitan que caiga mucho más.
Este es el matiz clave. El ORtg de la liga no crece —de hecho, es ligeramente inferior al del año pasado—, pero esa aparente estabilidad es engañosa. Sin el desplazamiento del juego hacia la línea, el ataque habría sufrido una caída mucho más pronunciada.
En términos prácticos, cuatro puntos de ORtg no son marginales: en la ACB separan a un ataque medio de uno claramente de parte alta. Y esos puntos no vienen de tirar mejor ni de jugar más rápido, sino exclusivamente de ir más veces a la línea de personal.
Este cambio no es solo estadístico. Afecta directamente a cómo interpretamos casi todas las métricas defensivas actuales. Un equipo puede estar defendiendo igual —o incluso mejor— que hace dos temporadas y, aun así, parecer peor en rating defensivo simplemente porque el castigo esperado por cada contacto es hoy mayor.
A partir de aquí, comparar el ORtg y el DRtg de 2025 con temporadas anteriores sin ajustar por este cambio de contexto es, como mínimo, engañoso.
Pero todo esto me plantea una duda bastante básica, quizá desde la ignorancia: ¿cómo es posible que, generando más tiros libres, tirando más de tres, cargando el rebote ofensivo y forzando más pérdidas de balón, el ORtg de la liga sea aun así menor que el del año pasado? ¿O quizá es precisamente por eso?
Una forma útil de entender esta aparente paradoja es separar posesiones ganadas de eficiencia por posesión. Desde hace años, análisis en la NBA —John Hollinger ha escrito varias veces sobre ello— apuntan a que estrategias basadas en ganar posesiones vía rebote ofensivo o presión para forzar pérdidas no garantizan, por sí mismas, un ORtg alto. Generar más posesiones suele implicar aceptar ataques más incómodos: segundas opciones tras rebote con menos ventaja, tiros fuera de ritmo o posesiones que nacen del caos más que de la estructura. Se amplía el volumen, pero se rebaja la calidad media. En ese contexto, no resulta extraño que el ORtg de la liga sea menor que el año pasado incluso cuando se buscan más rebotes ofensivos y más robos. Lo que cambia en 2025 es que esa pérdida de eficiencia queda parcialmente compensada por los tiros libres, que actúan como un estabilizador: no elevan el ataque, pero amortiguan el coste de jugar más posesiones desde el contacto y la fricción.
Y dicho todo esto, entendiendo mejor el contexto en el que se mueve ahora el juego y por qué el juego se ha desplazado hacia la línea, uno puede dejar de hablar de conspiraciones.
Eso sí: cuando los arbitros pitan en contra de mi equipo, sigo pensando lo mismo.. 😂 😂
Muchas gracias y feliz año





