Si no recuerdo mal, en el mito de la caverna Platón nos relata la historia de un prisionero al que liberan y sacan a la fuerza a la luz del sol. La luz le llena tanto los ojos que es incapaz de ver nada, y para acostumbrar la vista empieza por las sombras y los reflejos en el agua antes de mirar las cosas directamente. A mí, con Kike García, me pasa algo parecido: cada vez que leo un post suyo sobre los dineritos de la NBA me quedo deslumbrado, tanto que soy incapaz de ver (entender) nada, pero me quedo maravillado de su conocimiento y quiero saber más.
Con su informe de agencias de este verano el fulgor me volvió a petar las pupilas. Kike cuenta que cuatro de los ocho contratos más grandes del verano los negociaron agencias pequeñas o atípicas, y repasando esto, Spotrac dice que es verdad. Y yo me quedo loco, para empezar. Y no por dudar de las capacidades de nadie, ojo: me maravillo cuando el negociador es en realidad el padre o alguien de similar pelaje. Troy Thompson, padre y agente de Amen y Ausar, se sentó con Houston y con Detroit y se llevó dos de esos cuatro contratos. Entonces la curiosidad me hace preguntarme cuánto de fácil o de difícil es esto del negocio de negociar. No voy a mentir: a una escala más pequeña, en mis otras vidas, cuando hacía otros trabajos, he negociado mucho: precios de lineales de lavadoras, folletos de ofertas, rappels, contratos de publicidad, etc. Y sé que uno va con su película, o con la película de su jefe, en la cabeza, y al final saca el máximo de lo que, la mayoría de las veces, el otro está dispuesto a conceder, pero lo disfraza de que no. En la NBA eso no encaja del todo, porque el convenio fija de antemano el máximo que puede cobrar cada jugador. Así que hice como el prisionero y miré primero los reflejos, los contratos uno a uno, y me pregunté: ¿cuánto de ese dinero decide el agente y cuánto estaba decidido de antemano por el convenio?
Puse los ocho contratos más grandes del verano en un treemap (sí, así es como se llama), cada uno del tamaño de lo que vale en total, y marqué con línea discontinua los que ya venían con el primer año puesto por el convenio.
Como se ve en la gráfica de abajo, la agencia de Troy Thompson tiene dos clientes, que además son sus hijos, y firmó 363 millones este verano.
Lo que fija el convenio
Luego, que no lo sabía, descubrí que el convenio pone el techo a lo que puede cobrar un jugador el primer año de contrato, y que ese techo depende de la antigüedad: el 25% del salary cap con menos de siete temporadas en la liga, el 30% entre siete y nueve, el 35% a partir de diez.
Mitchell firmó con CAA la máxima del 35% y Trae, también con CAA, la del 30%. Reaves (AMR) se quedó en el 25%, igual que Wembanyama, cuya agencia, Comsport, es francesa y tiene cuatro clientes en la NBA. Esos cuatro contratos con la máxima, ojo, suman 929 millones, el 56% del dinero de los ocho mayores del verano.
Lo siguiente que aprendí es que el techo no acaba en el primer año: a partir del segundo, el sueldo puede subir como mucho un 8% del primer año cada temporada (no se acumula), así que para cada contrato se puede calcular el máximo que permitía el convenio y ver qué parte de ese máximo se firmó.
Mitchell y Reaves están en el 100%: sus agencias no podían sacar un dólar más. Wembanyama también, aunque en su caso sí quedaba algo que pelear. Según Kike, su contrato no lleva las cláusulas que lo subirían al 30% del cap si gana premios individuales, y esas cláusulas se negocian. Con ellas, el techo de su contrato estaría en 306 millones y lo firmado sería el 83%. En las gráficas y en las cuentas lo mido contra la máxima normal, sin esas cláusulas. Trae Young se queda en el 96%. Tiene la misma agencia que Mitchell y el primer año también en el techo, pero sus subidas son del 5% y no del 8%, unos 9 millones menos de lo que permitía la máxima.
Lo que el convenio no fija
Diez de los quince mayores contratos llevan opción de jugador en el último año y los quince están garantizados. El bonus por traspaso tiene un tope del 15% de lo que le quede de contrato al jugador: en ese tope están, entre otros, Mitchell y Kessler, de CAA, y también Wembanyama, con Comsport, mientras que Trae, también de CAA, se queda en el 7,5% y Amen, con su padre, en el 10%. De Duren y Ausar, Spotrac no da estos datos. Y a quien ya cobra la máxima, el bonus no puede subirle el sueldo por encima de ella (Hoops Rumors).
El culebrón del verano protagonizado por Jalen Duren y su renovación es lo más parecido a una negociación a cara de perro que tengo. Era, Jalen, agente libre restringido; o sea, que los Pistons podían igualar cualquier oferta, por lo que no tenía mucho con qué negociar. Aun así, su agente, Chafie Fields, de THE·TEAM (el nombre que lleva Wasserman desde marzo), estiró el chicle hasta el 1 de octubre, horas antes de que caducara la oferta cualificada: un contrato de un año por 9,6 millones que Duren podía aceptar para ser agente libre sin restricciones el verano siguiente. Según ClickOnDetroit, que no dice de dónde lo saca, una cláusula por si engorda más de la cuenta fue motivo de disputa y la terminaron desestimando. Duren firmó cinco años y 200 millones: el primero cobra 40,2, un 24,3% del cap, a un paso de la máxima. Pero el segundo año baja a 36,9 y desde ahí sube unos 2 millones por temporada, lejos de los 3,2 que permitía el convenio (el 8% de su primer año), a un 84% de su máximo.
¿Cuánto decide el agente?
Pues bastante del poco que le dejan. En los ocho contratos más grandes del verano, el convenio permitía firmar 1.942 millones y se firmaron 1.647, el 85%. Contra la máxima normal, tres no dejaban ni un dólar de hueco y el de Trae, solo 9 millones. Entre los ocho, lo que quedó sin firmar suma unos 296 millones, y ahí cabe el agente, aunque también pesan el jugador y el equipo. Del noveno al decimoquinto se firmó el 59% de lo que permitía el convenio.
Del padre de los Thompson sé poco. Sé que los entrenaba él desde que tenían siete años (ESPN) y que los formó como bases desde el principio: todo era manejo de balón, aunque fueran altos, y los ponía a jugar con chicos dos o tres años mayores para que nadie los mandara a la pintura (The Athletic). De qué vivía, no lo sé. Por ahí se dice que tenía una empresa de limpieza, pero no he conseguido contrastarlo. Lo que sí sé es que, cuando llegó la hora de negociar, no buscó un agente: se sentó él mismo con Houston y con Detroit. A Amen le sacó el 82% de su máximo y a Ausar, que cerró el 22 de septiembre, el 61%: 53 millones de diferencia entre dos hermanos con el mismo padre al otro lado de la mesa. Keyonte George, con THE·TEAM, una de las agencias grandes, firmó el mismo 61% que Ausar. La muestra es ridícula y no da para sentenciar nada, pero al final, si el jugador no vale el máximo, da un poco igual quién lo representa.
Donde mejor se ve esto es en las extensiones de los rookies: todos tienen un techo del 25% y todos tienen cinco años con el mismo máximo de 255 millones (menos Jordan Walsh, que firmó tres). Wemby, obviamente, se lleva el 100% y Podziemski rasca el 43%.
Con más de diez años en la liga, Kawhi Leonard (representado por Harrison Gaines, abogado de negocios de SLASH Sports, según Kike) y Stephen Curry (Octagon) firmaron el 90% de lo que podían.
Mi conclusión es que, en los contratos gordos, los que están rozando los máximos, no queda mucho que rascar, y sin querer hablar demasiado, es normal que salgan casos como el follón que lió Ballmer con Kawhi (ESPN). Otra cosa son los contratos que no rozan la máxima, donde se firmó la mitad (menos Curry y Kawhi) lo que permitía el convenio. Cómo saber qué parte de lo que cobra un jugador es mérito de lo bueno que es el agente o de lo bueno que es el jugador, ese es otro post y será otro post a poco que sepa cómo calcularlo.
Anexo
Datos: Spotrac, a 16 de octubre de 2026. Salario del primer año en % del cap de 2026-27 (165 M$) para los agentes libres y de 2027-28 (proyección de Spotrac, 176 M$) para las extensiones. El máximo de cada contrato es la máxima del primer año con subidas del 8% del primer año cada temporada, sin acumularse, durante los años firmados (todos con Bird Rights, según Spotrac). La clasificación de agencias (grande si tiene 10 o más clientes NBA, pequeña, familiar o abogado) es mía, no de Kike.








